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10 noviembre 2012

Hacia un mundo rentable

Daumier: Vagón de tercera. 1875
Algunos dicen que vivimos en la sociedad que imaginó Orwell en su novela distópica 1984. Es cierto que el Gran Hermano está ahí, cada día más poderoso, pero en la ficción orwelliana la Historia se reescribía de manera que el pasado acababa siendo una difusa percepción de la memoria individual, una realidad de la que no quedaba constancia colectiva. En cierto sentido, lo que tenemos ahora es algo más cruel porque sabemos de dónde venimos, por dónde hemos ido pasando y hacia dónde vamos de cabeza, y ese testimonio colectivo no parece importar al Gran Hermano que nos controla, lo que da mucho más miedo. 
En este blog no acostumbro a hablar de política, pero haré una excepción porque veo que el final del camino es terrible para mi oficio y para nuestro futuro como sociedad. Me gustaría no tener memoria, pero lamentablemente conservo vivos recuerdos de otros tiempos y de muchas promesas que se fueron con el tiempo. Por ejemplo, recuerdo que tuvimos una compañía telefónica pública, una compañía eléctrica o una petrolera también públicas. Aquellas infraestructuras y aquellos profesionales los habíamos formado entre todos y beneficiaban a todos. Nos dijeron que su privatización haría que creciese la calidad y bajase el precio. Juzguen ustedes si se cumplió. Aunque yo era pequeño para entender cómo funcionaba, recuerdo que había un banco hipotecario que garantizaba que muchos españolitos humildes, como mis padres por ejemplo, pudiesen comprar un piso sin que los timasen. Acabaron con ello por las mismas razones mencionadas, y ya ven cómo estamos. Privatizaron Iberia, la compañía aérea que habíamos sostenido entre todos y ahora van a despedir a un cuarto de su plantilla. Ya han dicho que solo mantendrán las conexiones rentables, sin tener en consideración que aquella compañía era en su origen un servicio público que habían costeado también las ciudades humildes. El objetivo actual también son buena parte de las líneas de ferrocarril, muchas de ellas ya cerradas desde los años ochenta, a las que se les dará en breve la puntilla. Viajar en tren será muy pronto un lujo al alcance de pocos, y que unirá ciudades con un tráfico rentable, cuando siempre fue un servicio público que vertebró este país. En el fondo, se va descubriendo que no importa mucho la competencia o la calidad, sino la rentabilidad, aunque no sepamos muy bien a quién beneficia realmente esa plusvalía.
Y por fin les llega el turno a la sanidad y la educación. Privaticemos hospitales para que sean rentables, dicen, igual que dijeron con Iberia, Telefónica, Hidroeléctrica... No habrá recorte de servicios, no, de momento. Cuando la memoria pública se vaya borrando, los gerentes de esas empresas nos dirán que no pueden sostener determinados servicios que no son rentables. El Estado dirá que no puede obligar a una empresa privada a ofrecer servicios o a limitar precios. Los enfermos más pobres, los que padezcan dolencias costosas, los que no cumplan el canon serán desterrados. Y de manera individual recordaremos que hubo un tiempo en que los médicos te atendían aunque tu enfermedad no fuese VIP.
¿Hace falta hablar de la Educación? Pronto empezará este proceso, no hay que dudarlo, porque los primeros pasos están dados. De hecho, ninguno de nuestros gobiernos ha apostado firmemente y sin dobleces por una Escuela Pública de calidad. Podemos elegir el paralelismo con Telefónica, por ejemplo: en el futuro, un puñado de empresas educativas coparán el mercado y salir de una para caer en otra será cuestión de ofertas del tipo "traiga sus dos hijos y le cobraremos la mitad por el segundo" o "pruebe nuestro colegio los dos primeros meses gratis y le regalamos una tablet (*)". Podemos compararlo con Iberia: colegios e institutos de marca con buenos servicios regulares y colegios low cost para clase turista con pocos recursos; eso sí, pasados unos años, los colegios que no sean rentables se cierran. Pero, ¿qué otra cosa se puede esperar cuando se gestiona la Educación -o la Sanidad- pensando en la rentabilidad? ¿Cuándo es rentable la Educación? ¿O habría más bien que preguntar para quién es rentable la no-educación? 
Soy consciente de que es esta una nota agorera, pero si no hacemos algo por parar este despropósito, sentiremos en breve la angustia de vivir en una novela de Orwell en la que solo sobreviven los individuos rentables.

(*) Permanencia mínima de dos años. Matrícula de 800 € y cuotas de 900 € a partir del cuarto mes. Penalización por baja anticipada de 2500 € y devolución de la tablet.

21 mayo 2012

Yo estudié en la Pública

'Los Estados sinceramente democráticos tienen que proveer a todos de la educación más elevada a cualquier precio'. 
Friedrich Nietzsche
Yo estudié en la Escuela Pública y trabajo en ella. Sin Escuela Pública pocos seríamos hoy lo que somos. ¿Vamos a permitir que nuestros hijos regresen al siglo XIX?

 

Más información: Campaña en Defensa de la Educación Pública

07 octubre 2009

Porque tú no vales

Hoy se cumplen cinco años de la implantación del Permiso de Conducción de Familia (PCF), uno de los avances sociales más destacados en nuestro siglo XXI. En un 7 de octubre del año 2015, tras un acalorado debate ético sobre el carácter público o privado del cuidado de hijos y la gestión de los recursos familiares por parte de los progenitores, se aprobó la creación de un carnet que sirviese de habilitación para ejercer la patria potestad. Al mismo tiempo, se estableció el sistema de puntos, que ya venía funcionando con éxito desde hacía años para la conducción de vehículos.
"A algunos intelectuales les parecía que el PCF suponía una intervención excesiva del Estado en el ámbito familiar", apunta Mariano Godoy, responsable de la Dirección General de Familia (DGF), "sin darse cuenta de que un individuo podía ir a la cárcel por conducir borracho en una noche loca, mientras otros quedaban impunes tras conducir borrachos a su familia durante toda la vida, poniendo en riesgo, día tras día, la vida y el futuro de sus hijos y cónyuges".
Por eso, el Permiso de Conducción de Familia estableció un régimen severo de castigos, según la dimensión y gravedad de la falta: No atender la manutención e higiene, tolerar o fomentar el absentismo escolar, desatender las obligaciones educativas de la prole, poner en riesgo la integridad de sus hijos o las de sus amigos, compañeros, profesores, etc. suponían la retirada de puntos, que sólo se podían recuperar asistiendo a cursos de formación y a talleres de trabajo social. Algunas faltas, como no asistir a las reuniones del colegio o a las llamadas de los tutores, podían ser objeto de simple sanción económica,.
"No fue fácil concienciar a la gente de lo importante que es sentar las bases de una educación en condiciones como garantía de futuro", señala Leire Potín, consejera autonómica del Departamento de Reeducación Familiar (DRF). Ciertamente, costó varios meses, pero las duras campañas de concienciación (polémicos fueron aquellos explícitos carteles: "Si tu hijo te importa una mierda, dedícate al onanismo", o las pegatinas indelebles: "Porque tú no vales") y el desprestigio público que suponía para padres y madres perder puntos dieron fruto más pronto de lo previsto. En un año bajaron en un 45% las incidencias escolares (un descenso de hasta el 60% de expedientes disciplinarios en los institutos de secundaria) y se retiró la custodia a doscientos progenitores que acumulaban faltas muy graves. "Había padres y madres que educaban a sus hijos en el desprecio absoluto de la vida propia y ajena", comenta Alfredo Marchasi, Jefe del Gabinete de Sustitución Familiar (GSF). El GSF constituyó una piedra angular del sistema; formado en su totalidad por psicólogos y psicólogas (y algún psicopedagogo), diseñaba unas familias de acogida ficticias (en realidad eran un psicólogo y una psicóloga disfrazados de padre y madre -aunque a veces, por problemas de distribución, existían familias con otro perfil-) que se ocupaban de reeducar a esos niños y jóvenes que habían sido desasistidos por sus familiares. "Además de servir de apoyo a esas criaturas, el GSF permitió recolocar a muchos profesionales a los que el buen orden en los centros educativos había dejado sin trabajo", confirma Marchasi.
Hoy, después de cinco años, pocos se atreven a criticar el PCF, un documento que ha devuelto la normalidad a escuelas, institutos, centros de mayores, reuniones familiares de domingo, velatorios, cenas de Nochebuena, etc. "Aún nos queda mucho por mejorar. El año que viene regalaremos puntos a los que participen en las asociaciones de padres y madres o en el Consejo Escolar; será la caña", concluye Leire Potín. Ya veremos.


Ficciones anteriores:
Crédito de la imagen: 'Familia'

25 enero 2009

Con mi bolita de cristal

Me llega de la mano de Javier Sáez (de Entre lilas y amapolas olvidado, ahora "La redacción con los blogs") un desafío adivinatorio en forma de meme. Según su propuesta, el sistema educativo que disfrutamos pivota en estos momentos sobre una serie de elementos que trataré de analizar a continuación, y su pregunta es la siguiente:

¿Cómo evolucionará el sistema educativo que tenemos en todos estos temas durante el 2009?

  • 1. Financiación del sistema educativo:
La primera, en la frente. Nos han convencido de que la crisis va en serio y la educación ha demostrado siempre andar por la cola de las prioridades gubernamentales, pese a que los expertos señalan que educación y renta van de la mano. Tengo muy claro que todo lo que no se gaste en educación se gastará en el futuro en policía (o en servicios sociales). En cuestiones concretas, creo que empezarán a eliminarse programas como los de refuerzo escolar, absentismo o atención al alumnado inmigrante. Quizá recorten la oferta de empleo público; para ello tendrán que mantener las bolsas actuales a costa de ahorrar en sustituciones (ya sabéis, si alguien se da de baja, no mandar sustituto hasta que empiecen las protestas de los padres, si las hay).
  • 2. El control de los contenidos educativos que se ejerce a través de los libros de texto.
El miedo a la crisis afectará también a las editoriales, que ya están moviendo fichas para asegurarse un mercado estable. Muchos materiales serán ofrecidos a través de plataformas multimedia en internet, siempre que el profesor use los libros de la editorial en cuestión. Quizá algunas editoriales pequeñas tengan que plantearse el cierre o la integración en grupos mayores. En cuanto a los contenidos, se moverán siempre en el terreno de lo políticamente correcto, para variar.
  • 3. La implantación de las nuevas tecnologías.
Menos dinero, menos inversión. En lo público supongo que seguirá la inercia de dotar según planes aprobados hace años, aun sabiendo que algunos de esos equipamientos están obsoletos o son poco funcionales. No adivino grandes cambios y pienso que lo peor vendrá en dos o tres años, pues el desfase entre la tecnología y la escuela quizá sea ya insalvable.
  • 4. La disciplina.
Igual, de rebote, mejoramos en este aspecto. Muchos problemas actuales de indisciplina vienen dados por la ausencia de autoridad en casa. Con la crisis, algunas familias tendrán que reestructurar sus hogares; las dificultades serán compartidas con los hijos que tendrán que apechugar y dar el callo. No imagino una familia en la que estén pasando apuros y que permita alegremente que su hijo, encima, les cause problemas en el instituto. Sin embargo, si se produce un recorte en el profesorado, la situación en las aulas puede ponerse complicada, pues los centros tendrán que apurar al máximo la ratio de los grupos y, quizá, eliminar desdobles.
  • 5. La autonomía en la gestión.
Control. No veo que sea un buen momento para desarrollar un apartado que la LOE marcaba como necesario. Las distintas administraciones territoriales tratarán de mantener el control de los centros, pues ya se sabe que la mayoría de docentes son como las cabras, a las que les gusta tirar al monte de las libertades. Pienso que nos van a atar muy, muy corto.
  • 6. La implicación de los padres.
Lo he comentado en el punto 4. La adversidad nos une. De hecho, no sé cómo hemos llegado a este extremo en el que padres y madres se están dejando el pellejo trabajando para mantener a unos jóvenes que no paran de derrochar y que no ofrecen nada a cambio (por supuesto, hablo de ese 30/40 % del alumnado que, según las estadísticas, debería suponer el sonrojo de nuestro sistema educativo). Dudo mucho que esa situación totalmente anómala puede aguantarse más tiempo. Las familias deben entender que un profesor no puede conseguir en tres horas semanales lo que ellos no han logrado en toda una vida, si es que lo han intentado. La experiencia demuestra que el fracaso escolar se fragua ya en los primeros cursos de Primaria; tratar de buscar soluciones cinco o seis años después es inútil.

No quiero señalar a nadie con el dedo para que siga este meme. Cualquiera de los que pasáis por aquí tendréis opiniones y vaticinios más interesantes que estos. Así que quien quiera ejercer de Rappel por un día, ya sabe...

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/11445550@N00/3154255478

11 septiembre 2008

¿Por qué no?

La escuela que tenemos no es perfecta, claro, pero tampoco está mal. Todavía recuerdo hace años lo mal que estaban las cosas. Todo el mundo se quejaba porque la enseñanza no se había puesto al día. Las cosas empezaron a ir mejor a partir del 2015, cuando se creó el ADIE, el Administrador de Infraestructuras Educativas, el órgano dependiente del Ministerio de Educación que se encarga de la construcción, mantenimiento y gestión de toda la infraestructura educativa pública. Esto sólo fue posible cuando los partidos políticos decidieron dejar la educación fuera de sus trifulcas electorales. Se había creado también un comité de expertos (formado por profesores, padres, pedagogos y otros agentes sociales) que estableció un plan de acción a largo plazo que marcaría las bases de las leyes educativas con independencia del color político que gobernase.
El ADIE se ocupó de forjar una red pública de centros multifuncionales. A los centros concertados se les ofreció la posibilidad de incorporarse a la red pública en régimen de concesión, siempre que suscribiesen los principios educativos de la educación pública (laica y no discriminatoria). Los centros educativos, además de la actividad formativa que les está asignada (Infantil, Primaria, Secundaria, etc.), ofrecen servicios socio-educativos, como escuelas matutinas y vespertinas, escuela de padres, academia de repaso, actividades deportivas y culturales. Todo esto se consiguió mediante la concesión de determinados servicios y espacios a empresas privadas que podían disponer de estos equipamientos públicos (al igual que ocurre con estaciones de tren o aeropuertos). Por supuesto, todo ello exigía la creación de nuevos empleos, pues los centros educativos no podían estar a cargo exclusivamente del director o del conserje; un gerente administra ahora el personal y asegura que todo funciona como es debido. Esto ha permitido que los docentes se liberen de conflictos de personal y se puedan dedicar a su oficio formativo.
Hoy, un estudiante dispone de un centro educativo en el que puede pasar todo el día, desde las 7 de la mañana a las 10 de la noche. Hay servicio de restaurante y bar; tiene posibilidad de quedarse a clases de refuerzo por la tarde, con personal especializado; puede participar en actividades deportivas o utilizar la biblioteca escolar sin límite de tiempo. Y, lo mejor de todo, sabe que eso no cambiará ni cuando pase de curso ni cuando mude su domicilio, pues el Ministerio de Educación ha establecido unos estándares de calidad (equipamientos, servicios, enseñanzas mínimas, sueldos de los empleados, etc.) comunes para todo el territorio nacional, independientemente de los gobiernos autónomos.
En cuanto a los libros de texto, ya sabéis que desaparecieron definitivamente en el 2020, cuando todos los alumnos llevaban ya su ordenador personal en el que encontraban todo lo que tenían que aprender, eso sí, con ayuda de sus modernos profesores.
Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/8107002@N03/1050167155