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15 octubre 2016

Sesquidecada: octubre 2001


En octubre de 2001 me encontraba atascado entre dos mundos: la vida universitaria, en la que, a pesar de estar preparando la tesis, no veía ningún futuro, y la vida como profesor de Secundaria, para la que me preparaba con cierta ilusión (sin dar detalle de otra vida más prosaica que me permitía mantener casa y familia). Para esta sesquidécada y recordando aquel tránsito, recupero la lectura de la novela Lo es, de Frank McCourt, que supuso en cierta medida una revelación que me obligaba a tomar partido por uno de esos mundos. Ya había tenido contacto con las aulas reales, pero leer la visión de esas otras aulas americanas no idealizadas por el cine, me ayudó a decidirme por un oficio que tiene algo de heroico y suicida a la vez. Si sois docentes y no os habéis asomado a esta novela, os recomiendo que la tengáis en vuestra lista de lecturas pendientes y, si os gusta, podéis continuar con El profesor, del mismo autor. Precisamente, al hilo de esa encrucijada en la que me hallaba yo mismo hace quince años, reflexiona McCourt sobre la brecha entre las desventuras del profe de Secundaria frente al "drama" de los docentes universitarios:
‘tiene muchas veces la impresión de que ha cometido un error al no dedicarse a la enseñanza universitaria, en la que vas por la vida pensando que cagas buñuelos de crema y sufres si tienes que dar más de tres horas de clase cada semana. Dice que podría haber escrito una tesis doctoral de camelo sobre la fricativa bilabial en el período medio de Thomas Chatterton, que murió a los diecisiete años, porque esas son las mierdas a que se dedican en las facultades, mientras los demás defendemos el frente ante unos chicos que no quieren sacar la cabeza de entre los muslos y ante unos supervisores que están satisfechos con tener la cabeza metida en el culo’ 

La segunda lectura que recomiendo en esta ocasión es un ensayo sobre los siglos de oro de José Deleito y Piñuela, un autor que publicó bastantes escritos de divulgación heterodoxos sobre la España más marginal, escritos no siempre bien fundamentados, pero cuyo tono ágil y divertido suple a veces el rigor documental que debería exigir un texto histórico. Menciono aquí La mala vida en la España de Felipe IV, aunque como digo, cualquier otro de la serie puede ser igual de interesante: El rey se divierte, También se divierte el pueblo... Por cierto, recomiendo acercarse a la biografía de su autor, otro de esos maestros herederos del krausismo represaliados por la dictadura franquista, cuya memoria todavía permanece sepultada en el olvido.



Por último, un ensayo, mucho más cercano en el tiempo, que puede servir incluso para trabajar en el aula (lo he incluido alguna vez en mis lecturas recomendadas), es Leyendas urbanas en España, de Antonio Ortí y Josep Sampere. Se trata de una recopilación de esos bulos tragicómicos que circulan por las conversaciones de amigos y que, con la aparición de las redes sociales, se han convertido en virales. Precisamente el auge de las redes ha provocado que este ensayo haya quedado obsoleto, aunque algunos de los asuntos que aparecen en él siguen compartiéndose por internet y por la mensajería instantánea con la misma ingenuidad y terror que despertaban entonces. Si os interesa la vertiente terrorífica de estas leyendas urbanas, os recomiendo a Jan Harold Brunvand, que ha escrito varios libros sobre ello. Y cuando queráis cazar alguna de esas mentiras virales (hoax), recurrid a las propias redes para no caer en la trampa.


3 comentarios:

  1. Toni, no he leído nada de Frank McCourt, pero por el tono gamberro de la cita es tentador.

    Me han picado la curiosidad los ensayos de Deleito. Y, después de leer su biografía, proclamo que merece una calle ;-)

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  2. Gracias, Lu, por tu comentario. Creo que el libro de McCourt te puede gustar, porque refleja es sociedad americana que aquí tomamos ahora como modelo. En cuanto a los ensayos de Deleito, son muy entretenidos, de verdad.

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  3. Leí Las cenizas de Ángela con placer. Es un libro resumen de las anécdotas qie había contado a lo largo de su vida a sus alumnos y que debían ser apasionantes. Sin embargo, mi lectura de El profesor fue para mí decepcionante en extremo. Mucho. Creo recordar, pues lo leí hace bastantes años, tal vez como tú, que dio clase en entorno sociales distintos -desde los más problamáticos a los más exquisitos-. En estos últimos vivió años apasionantes en el terreno de las ideas contraculturales. Toda la Contracultura es un bluff descomunal pero reconozco que yo me he formado en ella. Soy parte de ella. él vivió la década de los sesenta como profesor ¿y qué hacía? Leer a Dylan Thomas por ejemplo. No. El trabajaba con recetas de cocina. Esto es algo que se me quedó grabado. Me pareció abiertamente un mentecato. Nada de lo que expuso me pareció relevante o interesante. Como escritor costumbrista no estaba mal, como profesor me pareció realmente abominable. Pero su libro se vendió como churros. Te dejo lo que escribí sobre este libro en 2006 EL PROFESOR

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