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26 diciembre 2014

Sesquidécada: diciembre 1999

Debo reconocer que las sesquidécadas de este año han sido muy particulares, demasiado filológicas en ocasiones, como correspondía a aquel lejano año de 1999 en el que estaba inmerso en cursos de doctorado bastante dados a la erudición. Para compensar, en esta última entrega del año, recomendaré a Manuel Vicent, un autor accesible al gran público cuyas obras mantienen una calidad aceptable. La novela que cumple quince años es Son de mar, un relato muy marinero, muy levantino, pero, sobre todo, muy ligado a lo literario y a las raíces de nuestros mitos clásicos de la cultura mediterránea. Son de mar es un homenaje a la literatura y también una historia de amor y de pasión, quizá demasiado explícita y sobredimensionada en la versión cinematográfica de Bigas Luna. Debo decir que mi lectura no fue tan erótica como metaliteraria, con un protagonista homérico que tal vez contaminaba mi visión de la novela. Personalmente, veo en esta obra de Manuel Vicent una apología de la literatura como valor eterno y universal, más allá de las pasiones, más allá de lo terreno. En la línea de esa interpretación encuentro una columna periodística del mismo autor que me parece magistral: Pasiones, donde la relación entre Dante y Beatriz se convierte en una alegoría del conflicto entre la realidad y el deseo, entre la realidad y la literatura.
Al igual que ocurre con Millás, pienso que Manuel Vicent tiene más valor en los textos breves, columnas o relatos, que en las obras más extensas. En ese sentido, recomiendo también su novela León de ojos verdes, localizada en el hotel Voramar de Benicàssim, un hotel que fue hospital durante la guerra civil y que seguro encierra muchas historias sorprendentes. Para los que vivimos cerca del Mediterráneo, los textos de Manuel Vicent ponen palabras a la luz, a los olores o al sonido de ese mar cómplice. Para descubrir grandes placeres no es necesario viajar lejos: basta sentarse con un libro junto a estas tranquilas playas y disfrutar del reconfortante sol del invierno. Que paséis un feliz fin de año.


4 comentarios:

  1. Comí una vez en el Voramar y la clavada fue tremenda. Había invitado a la madre de mi mujer en el día de su cumpleaños. El arroz a banda (sin banda) llegó tarde y nos ofrecieron un aperitivo para la espera. Ello nos dejó sin hambre para el arroz. Eso y los ciento sesenta euros me dejaron clavado en el asiento. Es un lugar precioso, eso sí. Desconocía que hubiera sido hospital. También a mí Manuel Vicent me gusta más en sus columnas de los domingos, que leo con afición entregada y no a ese pretencioso Javier Manías, que sus novelas. He leído Tranvía a la Malvarrosa y El azar de la mujer rubia. Empecé a leer hace años Son de mar pero no me atrajo lo suficiente. Desconocía Valencia hasta que hice un viaje hace dos veranos. Fue cuando estabas en Cornellà y me escribiste. ¡Qué azares más extraños! En 1999 yo comencé a sumirme durante varios años en la literatura africana. Empecé junto a la cunita de mi hija Lucía tras su nacimiento. Y que ahora sea tan esquiva... Saludos en esta mañana del veintisiete. Mañana tengo un encuentro en Barcelona sobre Pechakuchas, que tú me enseñaste. A ver qué es eso. Un saludo y feliz final de año.

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  2. Joselu: El Voramar es un sitio elitista, pero en la terraza que da al mar se puede comer a buen precio, eso sí, sujeto a la carta de bocadillos o platos combinados; el restaurante del hotel es prohibitivo, como bien experimentaste. Todo el paseo marítimo desde el Voramar hasta el torreón es una delicia para pasear; la mayoría de villas antiguas se usaron en la guerra con fines médicos o logísticos. Si lees el "León de ojos verdes" creo que te gustará. Espero que coincidamos en otra ocasión, de modo que pueda acompañarte en un paseo peripatético por la zona. Gracias por los comentarios y por la buena compañía que me haces en el blog. Feliz año.

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  3. Cercanas lecturas e inigualable lugar para disfrutar de un libro y también de una buena conversación :)Genial el artículo de Vicent. Felices lecturas en 2015, a la "vora de la mar".

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  4. Leí con agrado y satisfacción la novela "León de ojos verdes". Más que nada por las connotaciones geográficas. La obra está bien. Vicent es un gran escritor. Pero creo que su sagacidad (propia de un columnista) es superior a su categoría como novelista. De todas maneras, pienso que es un gran artista de las palabras. Y su sangre levantina, lo confieso, me contagia.

    Un abrazo y felices fiestas.

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