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07 octubre 2011

Mayorcitos y con las manos en los bolsillos





En los años 80 tenía su gracia aquello de volver a la escuela de mayorcito. Sin embargo, en los últimos años, estamos viviendo en los institutos una situación casi impensable en los años del ladrillo, en los que muchos contaban los días para poder abandonar el instituto lanzando una carcajada sobre los pardillos que se tenían que quedar, y esta novedad consiste en que un buen puñado de jóvenes regresan a las aulas o tratan de permanecer en ellas muy por encima de la edad de escolarización obligatoria. 
En un sistema normal -si los hay-, ello no implicaría ningún problema; al contrario, es lo deseable para la sociedad, que todos acaben una formación básica. Pero, por ejemplo, en nuestro instituto es muy común encontrar alumnos que, con 16 años, están en 2º de ESO con un montón de asignaturas suspendidas y con un largo historial de fracaso escolar. Dado que los itinerarios profesionales se ofrecen -en el mejor de los casos- en 4º de ESO, algunos tratan de pasar un año -3º de ESO- calentando la silla para ver si los aceptan en un PCPI o en otros programas de diversificación (teniendo en cuenta que existen muy pocas plazas, la mayoría acaban marchándose igual). 
Siempre he defendido la existencia de esos programas y los he reclamado para mi centro, que cuenta con unos índices de fracaso escolar indecentes en primer ciclo de la ESO (más del 60% de alumnos de 1º y 2º son candidatos al abandono). También he denunciado desde aquí que esos programas han ido desapareciendo (nos voló la Diversificación de 3º, después los programas de refuerzo a alumnado extranjero, profesores de Educación Compensatoria, etc.), de modo que asumir el peso de un alumnado al que difícilmente se va a poder atender con dignidad resulta ingenuo o incluso perverso, según se mire.
Planteada la cuestión con los colegas, hay dos posturas:
a) Asumir que todo alumno con riesgo de fracaso debe ser salvado, cueste lo que cueste.
b) Exigir que cualquier alumno que cumpla los 16 años, solo pueda permanecer en el centro si cumple con sus obligaciones.
La opción a) está clara y es la que defiende también la administración, pues permite maquillar las cifras de fracaso escolar, aunque solo sea temporalmente. También contenta a muchas familias que dicen claramente que prefieren tener a sus hijos en el instituto que en casa, aunque allí no hagan nada, algo que puede generalizarse y que está llenando nuestras aulas de jóvenes que vienen con las manos en los bolsillos a pasar el día en compañía.
La opción b) implica exigir el cumplimiento de la ley, que dice claramente que para exigir los derechos se deben cumplir los deberes. Así, un alumno sólo podría estar escolarizado después de los 16 años si cumple con sus obligaciones. Vengo defendiendo esta opción por varias razones. La primera es una cuestión legal: si la escolarización es obligatoria hasta los 16, no tiene sentido obligar a los centros a matricular a alumnos por encima de esa edad si no están en condiciones de obtener un título. La segunda, también legal en cuanto a que deriva del Decreto de derechos y deberes del alumnado, es que no podemos garantizar el derecho de un alumno a costa de sacrificar el derecho a la educación y el respeto de los demás, un atropello que viene siendo habitual cuando existe alumnado de este perfil.
Sé que muchos se echan las manos a la cabeza cuando hablo tan claro supuestamente en contra del alumnado a quien suelo defender con ahínco en todas las ocasiones, pero resulta que la opción a) nos lleva a la concepción del sistema educativo como una caritativa ONG -o una parroquia de barrio- que acoge en su seno a los necesitados gracias a las buenas voluntades de los docentes. Imaginen un hospital especializado en el tratamiento de tumores, con un equipo técnico y humano de vanguardia al frente; imaginen que, pasado el tiempo, las máquinas no funcionan y los médicos han desaparecido. ¿Seguirían pensando que es un buen hospital? ¿Puede un instituto seguir ofreciendo educación de calidad si no se garantizan sus recursos?
Personalmente, si los jóvenes han de quedarse en los institutos entre los 16 y los 18 años, como si estuviesen en una guardería, creo que los políticos deberían aprobarlo en el Parlamento y dar la cara a la sociedad, en lugar de hacerlo de tapadillo como se viene haciendo, a costa de docentes y resto del alumnado.

21 comentarios:

  1. Me parece fundamental la existencia de este tipo de programas que cumplen una doble labor: por un lado, pueden orientar profesionalmente a alumnos con determinado perfil y ayudar a otros a obtener un graduado que los dirija a un ciclo formativo; por otro, y no menos importante, "libera" a los alumnos mejor dotados para conseguir una mayor progresión (y es que muchas veces nos olvidamos "de los que van bien"). El problema vuelve a ser la falta de inversión, de visión de futuro. Una vergüenza que lastra cada día, cada hora que pasamos en las aulas con un peso cada vez más difícil de soportar. Y el daño va a ser irreparable.
    De nuevo, un gran saludo.

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  2. Como bien dices, si no se aprueba por ley –que den la cara- los 16 años son la frontera de la educación obligatoria (hace poco oí a alguien que acertadamente proponía cambiar el término por “necesaria”). A partir de ahí, como se dice en el escondite, “el que no se haya escondido, tiempo ha tenido”: al que quiera seguir estudiando y lo demuestre, ofrecerle todas las oportunidades de seguir haciéndolo; al que no quiera continuar, ayudarle –si hay recursos- para que se incorpore con garantías al mercado laboral, pero nunca convertir los centros en guarderías de jóvenes de 16 a 18 años. Esto último ya dependería, como he dicho, de los recursos que esté dispuesta la sociedad que se destinen a ese fin (hoy suena a utopía, lo sé, pero se me están ocurriendo unos Programas de Cualificación Profesional de gramática…).
    Saludos y ánimo, compañero.

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  3. Toni, en mi centro, los alumnos firman un contrato pedagógico por el que se comprometen a seguir a adelante con sus estudios. Si rompen el pacto, se les invita a solicitar la baja administrativa y se les deriva hacia los PCPI (con sobrematrícula, actualmente) o bien a las escuelas de adultos, donde pueden obtener el graduado e incluso prepararse para las pruebas de acceso a ciclos.

    Este año, el Departament d'Educació obliga a todos los centros a que presenten a las familias la "carta de compromiso". Se trata de una carta que las familias deben firmar con el compromiso de cumplir con sus obligaciones en el futuro de sus hijos, mientras están escolarizados.

    No creo que tal y como andan los presupuestos educativos en este país se atrevan a ampliar la escolarización obligatoria. Si lo hacen, habrán firmado la carta de suicidio de la escuela pública, porque dudo que la concertada se avenga a acoger a este tipo de alumnado.

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  4. El tema es pensar en buenas transiciones para este alumnado, nada de más guetos, y sobre todo, prevenir para que no lleguen a los 14-15 en esa situación: los que tú ves ya condenados en primer ciclo llevan años anunciándose en primaria, sin que muchas veces se haya hecho nada para remediarlo

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  5. Como siempre, al final parece que la pelota queda en nuestro tejado. Desde luego, sin programas como la Diversifiación curricular, la Educación Compensatoria o los PCPI muchos alumnos solo tiene la opción de "calentar" la silla. Para la Administración y para muchas familias es mucho más cómodo que el chico quede recogidito en el instituto, aunque no haga nada ni deje hacer al resto. No estoy tan segura de que no se atrevan a extender la escolarización obligatoria hasta los 18, como dice Lu. Seguro que la crisis o la bolsa es, de nuevo, una buena excusa. Gracias por mantener la lucidez.

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  6. No tengo conciencia de que en mi centro éste sea un caso significativo. Intentaré enterarme. En todo caso, los alumnos firman, como dice Lu, una carta de compromiso sobre sus obligaciones mientras estén en el sistema educativo. No sé si esto pasará de ser algo testimonial y poco práctico.

    Tengo a alguien muy cercano que es tutora de un PQPI. Allí hay una selección muy cuidada del alumnado en base a baremos sumamente definidos. Sin embargo, la normativa establece taxativamente que quien no esté por cumplir con sus obligaciones y a mantener una actitud de aprovechamiento, se le dará de baja sin demasiado trámite administrativo para dar cabida a otros muchachos que estén dispuestos a aprovechar. Ello ha supuesto que un alumno conflictivo y disruptiivo ha sido dado de baja en apenas diez días después del comienzo de curso. Ellos saben las condiciones del curso y se actúa en consecuencia. Hay muchos muchachos que están esperando para aprovechar la oportunidad.

    Quiero decir que envidio este procedimiento expeditivo ante un chaval que, habiendo cumplido los 16, no está dispuesto a dignificar su puesto de trabajo como estudiante. Al que ocupa un lugar de estudio en la pública debe exigírsele en consecuencia una actitud y un rendimiento, para no hacer de esto, una organización asistencial, como bien dices.

    Otra cosa me preocupa y es la actitud de numerosos alumnos de bachillerato. Han llegado allí por la benevolencia del sistema a pesar de que arrastramos ese 30% de fracaso en la ESO. Se llega al bachillerato sin las disposiciones mínimas para afrontar el esfuerzo mantenido y la actitud curiosa que debe caracterizar a un estudiante. Trabajan bajo mínimos, de forma nada creativa ni crítica (corta y pega), y sumidos en la más abrumadora apatía intelectual y la pasividad personal. Nada les motiva ni les inquieta salvo su situación personal. Tú temes y te muestras contrario a la permanencia de alumnos de más de 16 años que vienen a calentar las silla, y yo añado tantos y tantos que siguen escolarizados en bachillerato dominados por la desidia y la falta de inquietud social, humana e intelectual. Para mí, no hay experiencia más decepcionante que ser profesor de literatura en segundo de bachillerato. Mil veces antes, profesor en la ESO donde todavía te encuentras algo de movimiento neuronal.

    Saludos.

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  7. La verdad es algo falla en este nuestro sistema educativo. Hay un "vacio de poder" real para aquel alumnado de 14 a 16 años que no tienen la más mínima intención de seguir con los estudios, y sin embargo, paradógicamente, deben ir al instituto. A ver si algún lúcido político nos da alguna idea práctica para aplicar a este grupo de edad totalmente sin norte hoy en día.

    Un saludo.

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  8. Totalmente de acuerdo contigo y con todo lo que se ha dicho. En cuanto a lo de ampliar la edad de escolarización obligatoria hasta los 18 años, no me extrañaría que llegase dentro de poco porque es una forma de hacer descender la tasa de paro.

    Por otro lado, me parece bien que sea obligatoria la enseñanza hasta los 16, pero habría que hacer una reforma para albergar a este tipo de alumnos que, en muchos casos, tienen clarísimo desde los 12 años que no quieren estudiar. Tendría que haber talleres únicamente prácticos en los que estos chavales pudiesen aprender un oficio. Saldrían adelante y muchos serían buenos trabajadores. Para eso hace falta más dinero y, evidentemente, a los políticos esto y todo lo demás les importa un pimiento.

    Un saludo

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  9. Estoy totalmente de acuerdo contigo aunque se me tache de insolidaria. Se puede decir más alto, pero no más claro.
    No entiendo que gastemos todos los recursos humanos y materiales en "salvar" a aquellos alumnos que no quieren ser salvados. Y siempre a costa de los pobrecitos que tienen interés y tienen que sufrir estoicamente las tropelías de ese perfil desintegrado de alumnos.
    Concretamente, el miércoles puse mis dos primeros partes en 4º de ESO porque dos de esos angelitos (aún no ha traído material uno de ellos a estas alturas), se dedicaron a molestar e interrumpir y no contentos con eso, desde la ventana estiraron de la rama de una palmera que hay fuera, y ¡consiguieron meter un trozo de rama en clase!
    Reconozco que perdí los papeles, pero les dije que se quedasen en casa y los aguantase su madre.
    Encima, a principio de curso, cuando propuse en una reunión de equipo educativo, que a los pobres mártires de 1er ciclo que soportan a los impresentables de turno, deberíamos buscar una forma de premiar su actitud y su dedicación al estudio, una compañera jovencita y que va de progre ella, me contesta que es su obligación portarse bien. Entonces, me preguntó ¿Por qué sí premiamos a los que boicotean y revientan las clases dedicando esfuerzos con ellos si sabemos que simplemente están en clase por nuestro servicio de guardería gratuita?
    Creo, Antonio, que se está desvirtuando el concepto de educación, de actitud y encima nos aumentan las ratios y nos llaman vagos los politicuchos de turno.
    Espero, como han comentado anteriormente, que no aumenten la edad de escolarización hasta los 18 (es cierto que dar clase en algunos bachilleratos es frustrante) y que se busque otra salida para los disruptivos de 1er ciclo.

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  10. Creo que tu explicación y tu enfado son más que justificados y no es que quiera discrepar pero, como tú ya sabes, ya que lidias con ellos por convicción, sobre todo con 2º, esta situación no es nueva ni la han propiciado los recotes, aunque quizá la han acrecentado.Tal vez por ello se van levantando más voces al respecto. Llevo años, al igual que muchos más profes, sobrellevando lo mejor que puedo a este tipo de alumnado y no solo en castellano, también en A.E. ya que hasta ahora solían darles clase los maestros y los interinos. En clase, solía plantearme lo que dices cientos de veces, entonces dudaba y lo sigo haciendo. Sé que muchos de esos alumnos, francamente donde mejor estaban era en el ies por todo lo que muchos de ellos llevaban detrás (etnias diversas, situación de abandono, malos tratos...) qué te voy a contar. Este año sigo teniendo unos pocos en mi tutoría de 4º, aún no han metido un trozo de palmera, como los de Concha:-), pero dales tiempo. el verdadero problema es que no sabemos qué hacer con esas persona y quizá no es cosa nuestra, pero cuando los tienes en clase... y no es mi intención ir de ONG.

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  11. Alberto: Los políticos hablan del fracaso escolar, pero seguro que ninguno lo vive tan de cerca como nosotros, que vemos jóvenes con capacidades que echan por la borda el futuro solo porque nadie puede atenderlos como merecen. En un aula de 29, a ver quién se atreve a sentarse junto a un alumno que requiere ayuda y deja a los otros 28 desatendidos. En nuestro caso, que entramos dos profes en 2º de ESO aún lo hacemos, pero fuera de ahí, resulta imposible.
    Carlos: No he visto que hayan aumentado los programas profesionales, ya que algunos son reciclajes de la garantía social o de otros programas que se han ido cargando, como el Programa de Refuerzo (PROA), el de extranjeros (PASE) o las diversificaciones (PACG o PDC). Quieren atender a todos con los mismos recursos, y eso es imposible sin deteriorar lo que hay.
    Lu: No tenía ni idea de vuestra carta de compromiso. Es algo que me alivia, pues en mi centro la propuesta resultó muy polémica, incluso después de un curso en el que el descontrol se había apoderado del centro. Establecer los mínimos para la convivencia es fundamental, tanto para los profes como para alumnado y familias. Tomo nota.
    Eduideas: Los maestros se quejan de que no existe trasvase de información del colegio al instituto y eso hace más débil el sistema, evidentemente. Espero que los planes de transición recientemente aprobados solucionen en parte esa carencia, aunque como apuntas, el fracaso viene de largo.
    Carlota Bloom: Es que los propios alumnos lo dicen: "Maestro, vengo aquí porque en mi casa no me aguantan, pero no pienso hacer nada". Alucinante.
    Joselu: Me temo que por aquí no somos tan expeditivos y nos toca tragar lo que haga falta, aunque hay centros que tienen menos miramientos y recomiendan a las claras a ciertos alumnos que se matriculen en otro instituto. En cuanto a la apatía del bachiller, si en un hogar se fomenta esa idea del instituto como guardería o trámite para el estudio de verdad que llegará después (¿la universidad?), no es de extrañar que los chavales acudan pensando que no vale la pena gastar esfuerzos en algo transitorio.

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  12. Los que venimos de centros con gran fracaso escolar sabemos muy bien de lo que hablas. Lo has dicho alto y claro... La solución no es fácil y no tengo yo tan claro que una decisión tan importante como la que planteas tenga que descansar en los hombros de los políticos. Supongo que las dos posturas que señalas en tu centro son representativas de las sensibilidades que hay entre el profesorado, pero la Educación Obligatoria/Necesaria no puede permitir que un chico de 16 años caliente un asiento para que le concedan dos años más tarde un programa de PCPI, Compensatoria o lo que se tercie... En nombre del derecho a la Educación, la decisión de las familias y la libertad individual se están cometiendo graves errores... Por el camino estamos dejando muchos esfuerzos, muchos nervios y muchas decepciones... Pero, por favor, que decisiones como la que reclamas no residan en los políticos; por favor, que sean los profesores quienes analicen, comenten y ofrezcan posibles soluciones. Prefiero una mala solución de un docente que la mejor que pueda ofrecer un político... ;)

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  13. Miguel: Ya he mencionado alguna vez la hipocresía social y legal respecto a la igualdad de oportunidades, tanto para los que trabajan como para los que no hacen nada. Piensan que obligando a estudiar a todos van a conseguir una sociedad más justa, y no ven que las desigualdades existen, en las familias, en el entorno, en lo que hay más allá de las aulas. Propongo que extiendan esa igualdad de oportunidades hasta los 30 años y los traten igual en la universidad, en los bufetes de abogados, en la política. Dejemos la hipocresía y ofrezcamos a los jóvenes una formación adecuada a sus necesidades. Si es la marginalidad lo que los lastra, acabemos con la marginalidad, no pretendamos hacer como que no existe.
    Virginia: Extender la escolarización hasta los 18 no sería mala idea si los itinerarios estuviesen bien trazados. Para mí es una barbaridad el sistema actual que solo ofrece alternativas en 4º de ESO, una meta inalcanzable para muchísimos de mis alumnos.
    Conxa: Tampoco yo entiendo esto. Resulta que nos desvivimos por el derecho de un alumno a estar escolarizado y nos trae al pairo que el resto no puedan tener ni diez minutos de tranquilidad para poder trabajar. Si lees el decreto de derechos y deberes, la sección de derechos provoca ansias de suicidarse, sobre todo por el flaco favor que estamos haciendo a quienes sí que cumplen con sus obligaciones. No nací para misionero, de modo que trato de hacer mi trabajo lo mejor que puedo. Si las familias (de los buenos y de los disruptivos) no son capaces de educar/protestar, no seré yo el superhéroe que rescate la escuela pública.
    Mª José: No debemos confundir el lado humano con el profesional, y el debate está situado en el plano de las ideas o de la concepción académica de nuestro sistema. Nadie pone en duda la calidad humana de esos alumnos, ni tampoco dudamos de que con ayuda podrían salir adelante, pero resulta que esa tarea es inviable en el contexto actual. Pongo un ejemplo: el curso que tuvimos diversificación en 3º, varios alumnos de mi tutoría de 2º, firmes candidatos al abandono, consiguieron titular en 4º, y alguno está incluso para superar 2º de bachillerato. Al año siguiente, quitaron la diversificación; los que contaban con seguir ese camino tuvieron que repetir 2º (siendo ya repetidores de 1º). Eso los llevó a un enfado monumental contra el instituto y contra los profes, que se concretó en unos grupos nefastos en los que era imposible dar clase. Todos los de esos grupos, todos, han fracasado. ¿La culpa es nuestra o de quien les ha cortado la única vía que tenían para ser alguien?

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  14. Marcos: Estoy de acuerdo, las decisiones deberían ser nuestras, pero mira hacia atrás y dime cuándo han contado con los docentes para mejorar el sistema educativo. Tenemos la escuela que merecemos porque la diseñan los políticos que merecemos, que por algo los hemos votado para que estén ahí. Si todo se va al carajo, no echemos la culpa a nadie, que el voto es libre.

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  15. Me he leído vuestros comentarios, todos llenos de sentido común y basados en la experiencia diaria, y no he podido evitar pensar que este tipo de reflexiones no sólo no aparecen en los debates legislativos, sino tampoco en las pancartas de aquellos que supuestamente nos representan.

    En las últimas semanas veo las reclamaciones de nuestros compañeros madrileños "En defensa de la escuela pública" y me pregunto si es honesto el mensaje que mandamos a la sociedad. ¿Realmente podemos, con el sistema actual, garantizar una educación de calidad -en términos de formación académica- y cantidad -en términos de titulación- en las condiciones anteriores a los recortes?

    No sé. Creo que el debate justo sería preguntarse sinceramente por qué no ya grupos de 30 alumnos, sino de 15 muchas veces son difícilmente controlables, en lugar de pedirle a una sociedad cada día más empobrecidad que nos mande profesores y más profesores, desdobles y más desdobles a unas aulas que generan tan pobres resultados.

    El problema es que ese debate no puede plantárselo quien lleva décadas defendiendo la conversión de la escuela pública en grandes guarderías sociales, donde todas las patologías sociales quedan mágicamente resueltas gracias al voluntarismo de los profesores. Hablo, claro, de nuestros sindicatos, que con tanta vehemencia enarbolan la defensa de una enseñanza pública que se han encargado de dinamitar. Muchos compañeros también son víctimas de este dilema, ante el terror que les produce que les retiren el carnet de progre, lo que dice mucho de los prejuicios ideológicos en los que se basa nuestro sistema.

    También sería justo plantearse por qué las clases medias huyen en masa hacia la concertada antes de poner el grito en el cielo por los favores que reciben los centros privados.

    Yo siempre he dicho que nuestro sistema convierte al alumno en fracasado antes de darle la oportunidad de recibir una educación adecuada a sus necesidades, por medio de esos itinerarios encubiertos como los PCPI o diversificación. A ver si por una vez empezamos a plantear los problemas tal y como son, en lugar de fingir que no existen.

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  16. Antonio, este problema me coge muy de refilón (ya sabes que en mi IES sólo tenemos Bachillerato), pero sí que lo padecí antaño.

    Estoy de acuerdo contigo: es una situación insostenible que a nadie beneficia y perjudica a muchos.

    En fin, a ver quién es el valiente que le pone el cascabel al gato.

    Un abrazo.

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  17. Siento ocupar un segundo espacio en este interesante debate, pero quería aclarar que creo no haber confundido lado humano/profesional y también creo que la concepción académica de nuestro sistema hace muchas aguas, como todos sabemos. Partiendo de ahí, luego en clase lo que tenemos no es el plano de las ideas sino el lado humano. Más bien muchos lados humanos y cada uno de su padre y su madre, difícil de conciliar, sobre todo en algunos centros, debiendo ventilárnoslas solitos. Quizá me repita, pero esta situación, no solo es inviable en el contexto actual, ya lo era hace tiempo. Evidentemente la culpa no es nuestra, pero si tienen que solucionarlo los políticos vamos apañados. Tal vez sea pesimista pero creo que seguiremos solos, ante la clase, solventando este vacío educativo y muchos otros.(y ya no suelto más rollo).

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  18. Jorge: El tema que planteas da para un congreso y seguramente sería bastante provechoso si alguien tomase nota de ello. En el claustro de fin de curso, contrariamente a lo que suele ocurrir, estuvimos hablando de esto largo y tendido, con momentos broncos incluso. Hubo un momento en el que salió esa progresía que defiende el papel social de la escuela por encima de todos los índices alarmantes de fracaso en el centro. Quizá me excedí, pero pregunté en voz alta si alguno de los profes que estábamos allí llevaríamos a nuestros hijos a alguno de los grupos de 1º o 2º de ESO. Hubo miradas al cielo y alguna protesta, pero quedó claro que la respuesta era que no. Estamos confundiendo todo y parecemos no entender nada: del mismo modo que uno puede dedicar sus tardes a ayudar a toxicómanos, pero no se los puede llevar a la oficina o a la fábrica para que estén a cubierto y en compañía, uno no puede convertir las aulas en un voluntariado social, porque eso es pan para hoy y hambre para mañana.
    José Luis: Tranquilo que, como apuntan Joselu y Jorge, es cuestión de tiempo que el bachillerato se convierta en una prolongación de la ESO en sus aspectos más negativos.
    Mª José: No decía que tú lo confundieses, sino que es fácil que, por la cercanía humana en la que vivimos con nuestro alumnado, a todos nosotros nos cueste hacer esa distinción. Pienso que un alumno que abandona es un gran fracaso de todos, pero también debo considerar que mantenerlo en el aula puede ser una tortura para sus compañeros y también a ellos les debo atención y merecen respeto.
    Gracias por la puntualización.

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  19. Anónimo8:10 p. m.

    A mí me ha tocado oír en varias ocasiones a compañeros decir que la Diversificación es un itinerario para regalar el título a alumnos vagos y torpes... Fui profesora de Diversificación Curricular y sé de la necesidad de este tipo de programas para facilitar el título a alumnos que realmente necesitan un empuje y un modo de trabajo diferente.
    Lo peor de los recortes es que acaba siempre afectando a aquellos alumnos que más necesitan los recursos.

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  20. Saludos, Toni. Cuando veo tanto profesor analizando con tanta profundidad, seriedad y rigurosidad los problemas del sistema educativo, desde el conocimiento profundo de lo que pasa en las aulas, llego a la conclusión de que la mejora del sistema, o viene desde nuestra acción o no viene. No vendrán propuestas ni desde los sindicatos, ni desde los políticos, ni desde los centros privados. En uno de tus comentarios has dicho: "eso daría para un congreso...". Empecemos por ahí. Profesores comprometidos y apasionados con vuestro trabajo, conocedores de los problemas y también de las soluciones: Organicemos un congreso sobre la crisis en el sistema educativo dónde no tenga cabida el partidismo. La solución la tenemos nosotros. Debatamos, investiguemos, y propongamos mejoras. Propongo el lema: "No vengo a quejarme. Vengo a proponer soluciones". Felicidades por el blog y a todos los comentaristas. Hay mucho conocimiento en este post.

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  21. Silvia: He luchado (por escrito) por mantener el 3º de PDC en un centro que ha tenido "grupos enteros" de repetidores de 1º y 2º. Nos lo han quitado, así como los desdobles en primer ciclo -que sin embargo mantienen en centros que no tienen ni la mitad de fracaso que el nuestro-. Lo que no puedo asumir es sentirme culpable de ello. Si quienes organizan esto no se sonrojan con las estadísticas, no seré yo quien pierda el sueño. Y desde luego, a mis alumnos, fracasados o no, los atenderé lo mejor que pueda.
    Andreu: Si protestas es por interés partidista, si te callas es que estás conforme... Aquí nos tienen señalados a los que reclamamos el cumplimiento de la ley, porque a fin de cuentas, todo esto lo han escrito ellos en sus decretos y leyes educativas, que acaban convertidos lamentablemente en papel mojado. Hacer un congreso para que se cumpla la ley... yo más bien haría lecturas colectivas de esas leyes para que por fin sepamos realmente lo que estamos (y las administraciones también) obligados a cumplir. Gracias por el comentario.

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